Aquí vengo con mis puertas abiertas
sin razón ni permiso
a seres, palabras, almas y sombras que burlan toda cerradura.
Tan mías, como puertas clausuradas desde el origen de mi sangre,
Admito que en el camino ejercité cerraduras
Con todos los componentes que me hacen la que soy.
Puertas abiertas al sol y las manos extendidas y verdades absolutas.
Puertas cerradas a esos soles humanos que pretenden satélites de mí
Camino con mis llaves al cuello
Mientras espero y repito...
Estoy caminando por una casa rara
Y paso 18 puertas cerradas si no entendés el sentido mira mis cicatrices.
Los discursos extraños
No golpean mi puerta lo suficiente
Estoy sorda, sorda para siempre.
Por eso te pido
No interrumpas mi sueño de puertas abiertas
que en tardes mezquinas
dejan mi ánimo abierto
a la luz tenue
Única capaz de hacerme florecer mi permiso
de abrir esa puerta para ir a jugar.
Una cinta decía un fantasma es un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez
Y mil frases semejantes
vinieron hasta mí
Siempre caigo en los mismos errores, cien cosas parecidas...
mis eternos fantasmas
mis antiguos fantasmas
esa nena con la cara mojada a cada un rato
Fantasmas camuflados en las noches a toda hora del día
el fantasma que me despierta en mitad de la noche
para revelar que mientras dormía alguien se fue.
el fantasma de la espera
condenado a repetirse una y otra vez
de seguir buscando en este mundo cosas de otra esencia
de caminar incansablemente pero a veces cansada
una y otra vez
cada uno asume sus propios fantasmas
todos retenemos esas mismas imágenes de nosotros mismos
en situaciones que nos marcan las hojas de ruta
que nos imprimen los anhelos y los miedos
fantasmas
voy a revelarlos al fin
voy a acompañar a mis seres de día
voy a empezar la despedida de mis queridos y antiguos fantasmas
voy a encender la luz.
Siempre pensé que las esquinas guardan secretos y que los buzones atesoran en su memoria millones de encuentros y de desencuentros.
Encontrarse a alguien, por casualidad o no, puede cambiarnos el día y a veces la vida; no encontrarse, también.
¿Quién se divierte con este gran juego de las escondidas?
Cuando decidimos doblar por alguna calle o mezclarnos entre la gente para pasar desapercibidos e igual somos descubiertos por alguna cara conocida, o a punto de conocer, no es pura casualidad.
Me encanta caminar por la ciudad, creyendo que en alguna esquina o luego de cruzar torpemente una acequia, voy a encontrarte, y ya no caminaré más sola.
El camino es interminable, te decía, da vueltas y vueltas alrededor del mundo y en alguna de esas vueltas los que estaban destinados a perderse, se encuentran.
Para empezar como corresponde, como se acostumbra, busco en el diccionario, y por definición podría decir…
“Llegada feliz. Para bien que se da a uno por haber llegado con felicidad”.
Bienvenidas las palabras para estrenar, las oscuridades que ven la luz, las caras con sonrisas verdaderas.
Cada uno hace de su vida el paraíso o el infierno que elige, y se equivoca, y tropieza, pero siempre hay más, siempre los comienzos empezando, renovando las señales de vida, las caricias del corazón.
La vida sigue y en cada esquina hay que prestar mucha atención, llenar los pulmones de ganas y aire nuevo, arremeter a lo que soñamos, a lo que estamos dispuestos a dar.
Vení, acercate, que juntos, en este torbellino de idas y vueltas, encontramos caminos y miradas que nos aseguran no estar equivocados.
Bienvenidos, a esta manera de entender la vida, de mirar para adelante, de sentir el cosquilleo que provocan las ganas y el deseo de ver lo que soñamos hecho realidad.
Untarse de lo que estamos hechos, pararse frente al mundo y sentirse bienvenida en la aventura de ser lo que nos marca la piel y lo que nos recuerda la sangre.
Adelante, siempre serán bienvenidas las ganas de sentirse vivos.
Saludame si me ves por ahí.
Del invierno a la primavera, de niña a adolescente y después mujer, de la noche a la mañana, de una semana a la otra, de un mes a otro… cada día reinventarse, deshacerse de los fantasmas y elegir de nuevo las cartas del juego.
No acostumbrarse a lo que se parece a la rutina, no adormecerse, no dejar que el peso de lo cotidiano nos haga cada vez más predecibles.
Cambiar, no quedarse quieto, sentir el cosquilleo en la panza cuando lo nuevo, lo desconocido, se acerca…
Mutar, nacer cada vez que sea necesario, hurgar en los pasillos las antiguas verdades y rescribirlas.
Aprender a decir que si, aprender a decir que no, mirarse al espejo, cortarse el pelo, dejárselo crecer o cambiarlo de color, comprar ropa nueva, caminar por calles desconocidas, llegar tarde, reírse porque si, explorar hasta donde se puede, aceptar el poder elegir las reglas de nuestra propia vida
Moverse, correr, detenerse, mirar para adelante, para atrás, caer hasta lo más profundo y volver a empezar, apostar a sentirnos vivos, crecer en el vaivén de las elecciones, acercarnos sin miedo, cada vez más, a lo que queremos ser…
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